A momentary lapse of ego


viernes, diciembre 9

Australis

Y como el metro no es un lugar hospitalario para él, pues sólo puede bajar, humillado, en un ascensor que tarda cinco minutos en el trayecto que el haría en diez segundos deslizándose. Ah, si se pudiera deslizar por las escaleras.

Una vez en el vagón, cómo va a alcanzar desde allá abajo los fierros. Cómo, con esas manos que además el creador no diseñó para esos fines. Pobre creador; sus creaturas alienadas. Pobre pingüino en el metro de Santiago.

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