A momentary lapse of ego


viernes, diciembre 9

Madre

Por supuesto, cuando llega al final del Metro y se dirige a su hogar en San Bernardo (sólo para poder decir a su madre que vive en el Sur), debe tomar la micro. Ahí empiezan los problemas.

Que las escaleras son muy altas, que las monedas se le escapan y, más que ninguna cosa, el sudor que recorre su espalda pegada al plástico de los asientos. Y por eso no se sienta nunca y las señoras dicen "oy qué pingüno tan caballero".

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